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¿Usted también perdió la fe? | LANACION.COM.CO

LA NACIÓN - NOTICIAS DE LA REGIÓN SURCOLOMBIANA DE COLOMBIA

Padre Elcías Trujillo Núñez

 

Últimamente, algunos que manejan medios de comunicación, afirmaron que hay un alto porcentaje de personas que han abandonado la Iglesia católica, que no participan de sus ritos y que no les interesa el tema religioso. ¿Significa esto que han perdido la fe? Me pregunto, ¿algún día la tuvieron? ¿se puede perder la fe? O era tan poca que no llegaba a ser ni como un grano de mostaza. Personalmente creo que lo que hay en muchos cristianos y católicos no es fe genuina de la que habla el evangelio; primero porque si así fuera, como dice Jesús, se notaría más; segundo porque es evidente la poca convicción con que muchos llamados creyentes hablan de su fe; tercero porque la vivencia de gratuidad a nivel de fe de la que nos habla Jesús no es el más sobresaliente de los rasgos de la fe incluso en los que nos llamamos católicos y practicantes.  La fe, según el Evangelio, es un don, es un regalo de Dios, totalmente gratuito, inmerecido; junto a esto, es una experiencia parecida al amor, una experiencia de amistad que transforma la vida y trastoca la jerarquía de valores en la que apoyamos nuestra vida. Y esto que parece tan sencillo de entender, no es tan fácil de vivir, sobre todo en esta sociedad nuestra donde todo tiene un precio y donde las cosas, las relaciones muchas veces se compran y se venden. Aunque es verdad que mucha gente busca hoy más que nunca esa sensación de ser amado gratuitamente, quizá porque eso es precisamente lo que no siente ni vive. Terrible sociedad que nos hace desconfiar de los demás, de los amigos, incluso de la familia, que nos hace creer que todo se vive por interés. Y así cómo vamos a entender y vivir la fe desde una experiencia de gratuidad y de amor. Creemos que tenemos que pagar siempre algo a Dios: sean nuestras misas, nuestros rosarios, nuestras buenas obras. Nos cuesta entender que a Dios no se le compra, que Dios es puro don, puro amor incondicional, y que su amor no depende de nuestros comportamientos. Hemos hecho una religión moralista, de cumplimientos de normas y leyes, y nos hemos olvidado de lo fundamental, lo que hace al cristianismo ser una religión diferente y revolucionaria: la experiencia gratuita del amor de Dios manifestada en Cristo, una experiencia más mística que moralista, lo cual no quiere decir que no tenga consecuencias morales en nuestra vida, pero son la consecuencia, no la causa de la fe y del amor de Dios. Dios nos ama, no porque seamos buenos, nos ama por que sí, porque somos sus hijos, incubando en nosotros la gran revolución del amor.  Hagamos todo con la gozosa experiencia de agradecimiento, sin exigir nada, trabajando cada día por el Reino de Dios, pues Dios ya sabe lo que necesitamos y nos dará todo por añadidura. Es difícil amar como Dios nos ama, pero con su ayuda, lo podemos intentar. San Ignacio de Loyola cuando hablaba del hacer decía: “Como si todo dependiera de nosotros, como si todo dependiera de Dios”. En actitud de humilde alabanza y admiración como nos ha recordado esta semana san Francisco de Asís, invitándonos a volver a la sencillez, la humildad y la experiencia profunda de Dios. Nota: Octubre mes de las Misiones.

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