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El cementerio central de Neiva, ayer y hoy

LA NACIÓN - NOTICIAS DE LA REGIÓN SURCOLOMBIANA DE COLOMBIA

Amaury Machado Rueda

huila@lanacion.com

 

Este mes de noviembre en el que se conmemora a los Fieles Difuntos, parece ser la época en que más aumenta las visitas en el Cementerio Central de Neiva. Ayer, durante las tres misas que se realizaron en el campo santo, decenas de familiares asistieron a orar por sus seres queridos que partieron a la eternidad.

Aunque es de reconocer que no tuvo la misma asistencia que en años anteriores. Nada parecido a como se celebra esta fecha en México, donde la conmemoración a los muertos se convirtió en toda una fiesta de gran magnitud.

Y es que el cementerio público de la capital huilense parece haber tenido una transformación significativa. No tanto en sus características físicas, pues sigue siendo el mismo cementerio de toda la vida desde que empezó a funcionar en ese lote, a finales del siglo 19.

El cambio, como lo manifestó el reconocido historiador huilense Reynel Salas radica en la medida en que la gente comenzó a llevar sus muertos para el otro cementerio privado, en la zona industrial de Neiva.

Aumentó entonces el número de tumbas comunes, para arrendar, y se acabaron las tumbas significativas, aquellas que las familias de Neiva mandaban a construir para enterrar a sus deudos.

“Si ha habido alguna transformación significativa está en que dejaron de construirse las tumbas “monumentales” y la administración parroquial comenzó a construir cantidades de tumbas para enterrar ahí a la gente del común, sin que hubiese una relación de propiedad sino que la gente las toma en arrendamiento. Entonces rodearon al cementerio de ese tipo de tumbas populares”.

Aclara Salas, que aquellas tumbas hablan de una sociedad que ya se acabó.

“Esas tumbas “monumentales”, significaban la presencia de familias con algún poder económico y/o hacían en su honor unas obras muy bonitas en su diseño y en la utilización de materiales finos como mármol blanco, mármol gris. Estas nos hablan de familias que fueron muy importantes en la vida social de la ciudad durante la primera mitad del siglo XX. Tumbas como por ejemplo la de la Familia Sarquíz, Charri, Suarez, o Trujillo con su cóndor en lo alto”, menciona el Historiador.

También en el Cementerio Central reposan otras tumbas de carácter institucional como el mausoleo que se hizo en honor al soldado mártir Cándido Leguízamo, o la que mandó a construir la Asociación o sindicato de Conductores de Neiva, una obra que igualmente exalta en belleza.

Todavía dentro del cementerio permanece también el espacio en el cual se enterraban a aquellas personas que no eran bautizadas, o que habían muerto bajo excomunión o que habían cometido delitos o se habían suicidado.

 

Curiosidades

Hay unas tumbas más visitadas por la gente que otras, o que causan más atracción. Para honrar la memoria del muerto, la gente les colocan velas y placas dando testimonio de al parecer, los favores que han recibido.

Como la del mismo médico urólogo y pediatra Hernando Moncaleano Perdomo, asesinado por su propia esposa en un delirio de celos. O la del ‘Renco’ Saúl Quintero, “un bandolero conservador que operó durante la década de los cincuenta en la zona noroccidente del departamento, y fue con su muerte que se convirtió en un “Robin Hood”, benefactor de desamparados y necesitados, que desde el más allá intercede y al que se le solicitan toda clase de favores”, según describió la investigadora Eloísa Lamilla en un artículo muy interesante y completo que realizó sobre el Cementerio Central de Neiva.

Llama también la atención en el Campo Santo, que los portones en hierro forjado que todavía lo resguardan, correspondían a los portones que tenía el antiguo Parque Santander. Antes de los años 70, el parque estaba encerrado en una reja de hierro con dos grandes puertas de entrada. No se sabe quién se las regaló a la parroquia, pero esas puertas fueron a parar en el cementerio, dando la bienvenida a los difuntos a su eterno descanso.

Cambio en la relación con los muertos

El Historiador Salas menciona que relación con los muertos también ha cambiado, pues anteriormente se veían cómo algo más sagrado, más místico. Eso refleja los cambios que va sufriendo la sociedad consigo misma.

“Se van expresando en muchas de las manifestaciones como la del duelo. Anteriormente al muerto se le velaba en la casa, ahora es en un sitio especial que es en una sala de velación dispuesta para eso”.

Pero además el Cementerio, al ser de puertas abiertas, es blanco muchas veces de los delincuentes, que aprovechan la soledad del lugar para robar a los escasos visitantes. Los consumidores de alucinógenos igualmente encuentran en este un espacio ideal para el vicio, incluso también para encuentros sexuales.

En varias oportunidades, la comunidad ha pedido que, sobre todo los lunes y domingos, que hay más afluencia de gente, se preste seguridad policial en el Cementerio Central.

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